No hay mejor mundo posible, el único destino realizable es aburrirse
No hay mejor mundo posible, el único destino realizable es aburrirse
Apuntes sobre ‘Aburridísima’ de Izumi Suzuki
Por: Sujeta Poética.
No hay mejor mundo posible, el único destino realizable es aburrirse. Ya lo escribió Izumi Suzuki en los años setenta. Se sigue escribiendo. El capitalismo, que al parecer no se destruye y solo se transforma, que se ha convertido en nuestro dios más omnipotente, nos ha dejado varados, sin opciones, disociados tal como la escritura de Suzuki, tal como ella misma; quien entendió a los 36 años que, de un momento para acá, el futuro solo retrocede, que el avance es hacia la nada, que ni siquiera en los mundos que imaginó es posible ser medianamente feliz, y que era mejor quitarse la vida.
Por: Nobuyoshi Araki.
Izumi Suzuki nació en 1949 en Ito, en la prefectura de Shizuoka y creció en un Japón donde la cultura tradicional se empezó a mezclar con la occidental a causa del final de la II Guerra Mundial y la ocupación estadounidense en el país. A sus veinte años, Suzuki se mudó a Tokio, donde encontró un refugio en la escena underground de la ciudad. Allí, comenzó a trabajar como mesera, pero a través de la exploración de los mundos alternativos que la ciudad le ofrecía, se hizo en actriz de cine erótico, modelo -hasta pasar incluso por el lente del reconocido fotógrafo Nobuyoshi Araki- y, por supuesto, se convirtió en una de las escritoras de ciencia ficción más importantes de su país. No obstante, con el tiempo se convirtió en una escritora de nicho, poco conocida como suele pasar con quienes se atreven a cuestionar el mundo a través de la ficción especulativa, género ampliamente rechazado y menospreciado, y solo fue hasta el año 2021 que fue traducida al inglés y, para el año 2025, la editorial Consonni nos permitió leerla en español traduciendo su póstumo libro Aburridísima, publicado originalmente en 2004 bajo el título ‘Zettai taikutsu’.
Aburridísima es un libro de cuentos en donde Suzuki retrata precisamente eso: su aburrimiento; que es, tal vez sin quererlo, no solo el aburrimiento de una generación, sino de muchas. En sus cuentos, Suzuki especuló sobre generaciones futuras guiadas por la desazón, que son iguales a su generación de los años 70 y a la nuestra, cincuenta años después y aún más cerca de los avances tecnológicos que gozan y padecen sus personajes, así como de la desesperanza que los invade porque el capitalismo lo devoró todo.
La escritura de Suzuki, disociada, me provoca escalofríos porque me recuerda a mi propia disociación ante el mundo actual, que sé afrontar tan poco. Reconocerme en cada uno de ellos me asusta deliciosamente, y no puedo parar de leerlos hasta que llego al último, que no quiero leer porque, de igual forma, prefiero esos mundos antes que el mundo que existe cuando cierro el libro. En esta reseña, a diferencia de las que suelo escribir, me es imposible no involucrarme, no acudir radical y compulsivamente a la primera persona, no verme como un personaje más: prisionera de un mundo que no me gusta, que me niego a aceptar y que, sin embargo, no puedo cambiar.
La fatalidad parece un destino recurrente en los personajes de Aburridísima, y no me refiero a las grandes fatalidades, sino a las nimias: esas que nos ocurren todos los días pero tratamos de ahuyentar con la mano, con el sueño, con las drogas, la televisión o el celular. La fatalidad ronda estos cuentos y no a través de los grandes desastres ni de la muerte innovando en su quehacer, sino a través de la vida que pasa sin que podamos intervenir, actuar, mejorar. Es la fatalidad de morir sabiendo que lo único que hiciste toda tu vida fue estar dentro de una oficina recibiendo órdenes. Es la fatalidad de vivir obediente, sumiso, disociado, incapaz, tal como nos quiere hoy el sistema, tal como estamos. Es la fatalidad del mundo actual en el cual permitimos que el algoritmo, el gran lacayo del sistema, elija por nosotros, piense por nosotros y decida por nosotros en nombre de su amo, para quien todo y todos somos un producto que se debe explotar.
De los tres libros, solo 'Terminal Boredom' ha sido traducido al español.
Imitando a Chenta Tsai en el prólogo que hizo para la edición en español de Consonni, escribo unos elevators pitches que describen, a mi manera, cada cuento:
1. Un mundo en el que solo habitan mujeres no es, sin embargo, un mundo ‘de’ mujeres, sino un mundo ‘entre’ mujeres, donde las dinámicas de género cishetero y el bioesencialismo siguen existiendo. Los hombres están encerrados en un área especial tras las guerras que provocaron y se convirtieron en infiernos. En estos campos se les ordeña el esperma para que afuera las mujeres puedan continuar reproduciéndose.
2. En un mundo con sobrepoblación, las personas son obligadas a criogenizarse y mudar sus conciencias a los sueños de un ser querido. Tu amiga te pide habitar tus sueños y tú, siempre tan incapaz de decir no, aceptas; y así ambas descubren lo poco que se aguantan la una a la otra.
3. Sueñas con una familia feliz: un padre, una madre y una hermana, todos muy cisheteronormativos y deseosos de regresar al antiguo mundo capitalista, sobrevivientes, nucleares y únicos humanos en el mundo. Pero esto solo es posible gracias al Regenerador de Materiales, que les oculta con disfraces su verdadera y monstruosa apariencia.
4. Vas a terapia a un lugar donde las sillas hablan, no tienes que trabajar y bebes una cerveza mientras olvidas quién eres y te reprograman la mente, porque corazón que no sabe es corazón que no siente.
5. Te reencuentras con tu exnovia de hace tres años pero ha envejecido tanto que es casi imposible reconocerla. Entonces recuerdas su vida juntos, el humo en sus ojos y que es la única persona en el mundo a la que has querido de verdad.
6. Un romance en la tierra entre un alienígena y una humana que termina en un viaje intergaláctico clandestino, en donde ella se convierte en prófuga del sistema, casada por conveniencia, drogada y cada vez más segura de que su esposo es un espía.
7. En un mundo donde te instalan un dispositivo para que tu serotonina sea producida por un TV, todo se vuelve tan aburrido que no puedes hacer nada más aparte de matar para volver a sentir algo.
Por: Nobuyoshi Araki.
¿Estaba Izumi Suzuki tan aburrida que escribió estos cuentos, que imaginó estos mundos donde, sin embargo, no encontró esperanza y donde tampoco logró no aburrirse? ¿Conocía ella el fatal peligro del aburrimiento cuando este no es una opción que conlleva a la invención sino una condición del estado de disociación en el que nos mantienen? ¿La aburría tanto el mundo que por eso se suicidó? ¿Acaso antes este maldito mundo no era mejor? Cada cuento, además, es fatal en la medida en que engaña: los leo y al inicio de cada uno me gusta su mundo, es atractivo porque es avanzado, artificialmente feliz -como una red social; quisiera habitarlo, probarlo, regocijarme entre las drogas de uno o dialogar con una silla que habla en el otro, sin hombres cerca o nunca trabajando y siempre de fiesta. Pero a todos y cada uno la fatalidad los alcanza y comienzan a oscurecerse como el agua estancada; es ese, tal vez, el engañoso y fatal destino que te vende el capitalismo: tu mundo ideal en la palma de tus manos que, en un abrir y cerrar de ojos, se ha comido tus manos y va, insaciable, por el resto de tu cuerpo. Es esa, tal vez, la ingeniosa y fatal forma de Izumi Suzuki de narrar este mundo, nuestro cruel y podrido mundo.