Apuntes sobre cuento 'La noche feliz de Madame Yvonne'
Por: Sujeta Poética.
Sobre el Caribe rutilante de colores que hieren, de mar y de sol, de bochorno paralizante, sobre ese Caribe escribía Marvel Moreno. Ya lejos, autoexiliada en Francia, extrañando el mar caribeño, como dijo en una entrevista, Moreno escribía como si continuara expuesta bajo el sol implacable de Barranquilla; o como si Barranquilla entera estuviera abierta y luminosa ante sus ojos, dispuesta a una radiografía. Pero no se deje engañar, querida lectora, por colores vibrantes, cumbia y mar. El Caribe colombiano de Moreno no tiene ni Úrsulas ni Aurelianos. No es mágico. Este caribe, como su sol, es indolente; como el mar, es fatal, violento.
Marvel Moreno nació en Barranquilla en 1939 y creció entre la élite de la ciudad, élite que luego retrataría y destrozaría a lo largo de su obra. A finales de la década de los sesenta se mudaría a París, donde murió en 1995, extrañando el mar pero decidiendo nunca volver a Barranquilla; con dos libros de relatos y una novela publicada. Con el tiempo se convertiría en una escritora difícil de conseguir, poco o nada editada; y su obra se vería truncada por las decisiones de su esposo, el escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, y sus hijas, quienes se negaban a reeditar lo publicado y publicar lo inédito.
Marvel Moreno hizo parte del Grupo de Barranquilla, una influyente tertulia literaria, artística y cultural que reunió a intelectuales en Barranquilla a mediados del siglo XX.
Conocí a Marvel Moreno en la Biblioteca Municipal de Sevilla, Valle del Cauca. Buscando alguna lectura que me llamara la atención, di con los Cuentos Completos que la editorial Norma había publicado en el año 2001. Considerando que la edición ya era vieja para ese entonces y que dicha biblioteca era un lugar más bien precario -aunque con algunas joyas escondidas- haber encontrado a Moreno fue un golpe de suerte para mi yo adolescente. Recuerdo que decidí llevarlo porque en la contraportada leí que era colombiana y que había sido contemporánea e integrante del Grupo de Barranquilla, pero yo jamás había escuchado su nombre; y tanto en esa primera lectura como en esta relectura que hago años después, mi cuento favorito continúa siendo La noche feliz de Madame Yvonne, porque abarca en gran medida el universo narrativo de Moreno, con guiños a sus demás cuentos y personajes, y porque ya ahí se vislumbran las voces y el manejo del tiempo que, posteriormente, desarrollaría en las 480 páginas de su primera novela, ‘En diciembre llegaban las brisas’.
La noche feliz de Madame Yvonne se sitúa en Barranquilla, en medio del carnaval que se celebra en febrero. Yvonne, una francesa que ha vivido allí desde hace más de veinte años en la costa Caribe colombiana, trabaja como pitonisa y adivina el futuro de las personas de élite de la ciudad, lo que le ha permitido conocer de cerca la vida miserable de la gente poderosa y acaudalada. En la última noche de carnaval, Madame Yvonne va al Patio Andaluz con Gaspar, su viejo amigo francés y capitán de barco; y es allí donde sus poderes de bruja se despliegan haciendo rendir ante sus pies al narrador omnisciente con el que está escrito el cuento -un hombre objetivo antónimo de bruja-, obligándolo a contar las vidas de quienes allí se reúnen pero focalizando la narración desde su mirada. Yvonne, para ese punto de la noche, ya está ebria.
El cuento sucede en una sola escena, ocurrida en el Patio Andaluz, y esta escena se ve cortada por otras escenas que son todas analepsis. Se traza en la página un juego parecido a esos juegos de pelota, donde quien la tiene se presenta y cuenta un retazo de su vida; solo que el rumbo de la pelota es intrincado, se enreda entre miradas, entre pensamientos, entre visiones que tiene Madame Yvonne, ebria y lúcida en el espectáculo de la noche. El cuento se siente como ver desde los ojos de Madame Yvonne, para luego saltar a los ojos de cada persona en el Patio Andaluz, que se mira a sí pero también mira a los demás; y el cuento, de tanto mirar, muestra y juzga a una sociedad corrompida, lánguida, cobarde tras los barrotes del poder.
Es importante aquí entender el tipo de narrador, porque no solo en este cuento, sino en casi toda la obra de Moreno, el narrador revierte y juega con los roles de género: ella escribe desde un narrador omnisciente, que en el campo de la teoría literaria es visto como objetivo, serio, todo un hombre; pero lo obliga a focalizarse en voces femeninas. Así, en La noche feliz de Madame Yvonne, el narrador omnisciente es secundario ante la perspicaz mirada de la bruja ebria y loca que, sin embargo, mira agudamente a los demás personajes y es capaz de desentrañar sus asuntos e ir hasta el fondo, hasta donde se revelan los claroscuros y todos nos encontramos desnudos, disecados y puestos en una vitrina. De entre todos los personajes, la mayoría son hombres cobardes, mujeres renegadas, personas que se mienten a sí mismas y que van disfrazadas no solo esa noche de carnaval, sino todas las noches de sus vidas. El caribe colombiano, entonces, no se retrata aquí con una supuesta magia en su realidad, sino revelando un ecosistema agreste de organismos infelices, básicos y aburridos, con un futuro comprado y trazado por el poder, por el dinero o las apariencias:
«El marica, el judío, la mujer, el negro… la bruja. Todo lo diferente, lo que con su existencia negaba el mundo que para su propia desdicha los hombres se empeñaban en prolongar. Un mundo que les daba el poder y los hacía infelices, que a duras penas si los dejaba vivir. Qué insensatez. Mil religiones, mil filosofías, siempre recorriendo con anteojeras el mismo camino, desembocando inevitablemente en el mismo desastre». (Moreno, 2018, p.178)
Con tan solo un libro de cuentos y dos novelas publicadas, Marvel Moreno se ha posicionado como una de las plumas más brillantes y novedosas de la literatura colombiana de la segunda mitad del siglo XX.
No es casualidad que el cuento se desarrolle en medio del carnaval de Barranquilla, cuando todos van disfrazados, desinhibidos por el licor, cuando los barrotes del poder se aflojan y las apariencias se disfrazan y es válido volver a sentir desde lo colectivo y moverse al ritmo de la gaita y el tambor. No obstante, el carnaval cumple su función de sátira y nos muestra cuán ocultos tras disfraces debemos estar para poder ser lo que queremos; y es una doble contradicción que solo con una máscara puesta, seamos capaces de quitarnos momentáneamente la que llevamos a diario y que confundimos con nuestra cara real, pero que solo es una invención malograda hecha a punta de miedo, rechazo y violencia: «en el fondo, Gastón [-dice Madame Yvonne-], uno se transforma en el personaje que lo ayuda a vivir». (Moreno, 2018, p. 180)
Pero no todo está perdido, o al menos Madame Yvonne no lo cree así en esta noche feliz en la que logra vislumbrar un futuro mejor; porque, aunque conoce vidas desperdiciadas y jodidas, también conoce almas sensibles, originales, con miedos pero dispuestas a ser ellas, a permitir que las otras sean ellas. Almas que quieren, sin saberlo, cambiar el mundo:
«No importaba. Algún día esos seres andróginos de corazón amable establecerían sin proponérselo, sin buscarlo incluso, una relación más humana entre los hombres. Y entonces, contra aquella lógica despiadada que había obstruido el pensamiento, la gente descubriría las posibilidades que ella, Madame Yvonne, tanteando como ciega, intentaba desvelar». (Moreno, 2018, p 180)
Y por eso, al final del cuento, Madame Yvonne rompe la burbuja del Patio Andaluz, le arranca el micrófono al narrador omnisciente y sube a la tarima donde antes sonaba una cumbia, para despertarles del letargo en el que los personajes se ocultan, en el que inútilmente intentan vivir, hablándoles del misterio que se le reveló esa noche feliz de carnaval en la que todos los que se odian, se traicionan y se desprecian, están juntos. Encaramada en la tarima, radiante en su vestido color azul, Madame Yvonne les dice, les implora? que se acepten y que se quieran. Y solo al final de todo, cuando la sacan del lugar porque su discurso se torna demasiado revelador, una visión de muerte como recordatorio de un destino casi inamovible, trazado hace cientos de años, interrumpe la noche feliz de Madame Yvonne.
Bibliografía
Moreno, M. (2016) Cuentos Completos. Alfaguara.
Ortega González-Rubio, M. (2011) Feminidades monstruosas en la obra de Marvel Moreno. Universidad del Atlántico-
Universidad del Norte de Barranquilla
Abdala Mesa, Y. (2005) El engranaje del tiempo en las novelas de Marvel Moreno. Caravelle, n°84. Plèbes urbaines
d'Amérique latine. pp. 235-246;
Ortega González-Rubio, M. (2023) Igualdad y diferencia: La construcción de lo femenino en la obra de Marvel Moreno. Cuadernos de Literatura del Caribe e Hispanoamérica • ISSN 1794-8290 • No. 17
Donoso Herrera, L. Otras miradas del Caribe colombiano: la narrativa de Marvel Moreno.