Por: Sujeta Poética.
En Japón existe un género literario llamado Genbaku Bungaku, que traduce literatura de la bomba atómica y que es escrita por los hibakusha: sobrevivientes de las bombas de Hiroshima y Nagasaki.
El Genbaku Bungaku nació en agosto de 1945 tras los ataques atómicos perpetrados por Estados Unidos. Fue censurado automáticamente por este país con la prohibición a los japoneses de divulgar escritos sobre la guerra, y fue un género desprestigiado en los círculos intelectuales de Japón; hasta que en 1960 autores consagrados rescataron el género gracias a la publicación de libros y antologías sobre la bomba atómica.
En muchos casos, no se trataba de escritores consagrados escribiendo sobre la masacre, sino de ciudadanos que encontraban en la literatura, específicamente en tipos de textos como el manga, el haiku, el tanka, los diarios o las novelas, una forma de expresar lo inefable de la guerra y de entender no solo el momento de la catástrofe sino sus consecuencias.
En experiencias como el genocidio de la bomba atómica, las palabras pierden sentido, las vivencias traspasan la frontera de lo decible y se posicionan en el no lugar del trauma que limita con el sin sentido. Así, el Genbaku Bungaku es una muestra de cómo narramos aquello que no solo significa la muerte sino la desaparición total de lo que hemos construido, de cómo transformamos el lenguaje para habitar lo inaccesible y de cómo contamos el horror que nos excede como sociedad y que se instala en nosotros como algo inolvidable pero casi imposible de contar.
A continuación, puedes leer una pequeña colección de poesía japonesa de Genbaku Bungaku.
Si fuese en este momento una hora más temprano
y si mi mano pudiese tocar
débilmente lo que queda de tibieza en su piel...
– Masuda Misako
Las flechas disparadas…
Las flechas disparadas
una contra la otra
se encuentran y dividen
el vacío en su vuelo.
Así vuelvo al origen.
-Gesshu Soko
Mi niño duerme
en esta tierra azul
con radiaciones.
-Terai Sumie
Lluvia negra
El cielo se parte;
las calles desaparecen;
el río,
¡el río fluyendo!
¡Ah… Ah… Ah… Ah…!
¡Ah… Ah… Ah… Ah…!
La noche se acerca
a estos ojos resecos;
a estos labios inflamados,
escocidos y tórridos.
¡Ah! El quejido de un hombre,
tambaleándose,
tu cara arruinada,
abrasada, ardiente;
el gemido de un ser humano,
un ser humano.
-Tamiki Hara
Durante la noche, voces de lamento;
cerca del amanecer se convirtieron en tranquilidad;
parece que han muerto.
-Hasegawa Seisaku
6 de agosto
¿Acaso podemos olvidar ese destello?
Súbitamente 30.000 desaparecieron en las calles,
en las profundidades despedazadas de la oscuridad,
los alaridos de 50.000 se desvanecieron
cuando los remolinos de humo amarillo se dispersaron,
los edificios se quebraron, los puentes colapsaron,
los trenes repletos se detuvieron calcinados.
Una interminable acumulación de escombros y brasas era Hiroshima.
De inmediato, una línea de cuerpos desnudos caminando en grupos, llorando,
con la piel colgando como harapos,
con las manos sobre los pechos,
pisando masas de cerebros desmoronadas,
con la ropa quemada cubriendo las caderas,
los cuerpos yaciendo en el suelo como estatuas de piedra de Jizō,
/ dispersos por doquier
en las orillas del rio, tirados uno encima de otro.
Un grupo se había arrastrado hacia una balsa
Y poco a poco se transformó en cadáveres bajo los abrasadores rayos del sol
y bajo la luz de las llamas que atravesaron el cielo del atardecer.
El lugar donde la madre y el hermano menor fueron prensados vivos,
también fue envuelto en llamas.
Y el sol matutino brilló sobre un grupo de colegialas que habían huido
y estaban tiradas en el piso de la armería, sobre excrementos,
con sus vientres hinchados, sus ojos aplastados,
la mitad de sus cuerpos en carne viva, con la piel desollada, sin pelo,
/ sin poder decir quiénes eran, quiénes.
Todo había dejado de moverse
en un estancado, un ofensivo olor.
El único sonido, las alas de las moscas zumbando alrededor
/ de las bacinicas metálicas.
Ciudad de 300.000,
¿acaso podemos olvidar ese silencio?,
¿olvidar en esa quietud
el poderoso impacto
de los ojos vacíos de las esposas y los niños que no regresaron a casa
y que destrozó nuestros corazones?
-Sankichi Toge
Puesto que hay tantos
pequeños esqueletos
aquí reunidos,
estos huesos más largos
deben ser del maestro.
-Shoda Shinoe
Fuegos artificiales
allá en el río:
huesos ardiendo.
-Utsumi Kanko